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domingo, 7 de abril de 2013

Tratado de dialéctica elemental en torno a una coyuntura concreta Nº 1




1
La muerte, el estupor, el pánico, la rabia, la orfandad, la calle, la conciencia, el amor, la unidad, la vida. 

2
El dolor a pasos cortos en una larga fila para una efímera despedida, el amor batiendo alas para emprender el vuelo más largo del que se tenga noticia en estos siglos de tanto olvido. 

3
La lluvia que se recogió en señal de protesta, la brisa fresca que hace acto de presencia como recordatorio, los nombres que se hacen masa de un solo nombre. La energía que saltó de la caja de Pandora para sorprender al asesino, el miedo en el ave de carroña que pretendió comer de nuestra carne inmóvil, el horror de quienes el horror pretendieron, el amor de quienes en el amor creyeron.

4
El silencio recogiendo los llantos junto a La Flor sembrada en El Cuartel, la algarabía que recibió en propiedad la custodia de la memoria de un hombre en La Piderita… y en José Félix, y en El Pensil, y en todo Caigüire y en Río Claro… 

5
Todos los augurios anunciando una carnicería de postulados y nombres, todas las voces pregonando una misma y única identidad… 

6
La saciedad momentánea de quienes con la muerte salivaron, el hambre y la sed de justicia de quienes ante la muerte temblaron… “¿Quién encontrará abrevadero?”, pregunta el viejo que en una vieja silla de cuero ve pasar la multitud gritando “Alerta, alerta que camina…”

7
Todo el tiempo detenido en un último diástole, toda la sangre corriendo de nuevo; pero dentro de cada cuerpo que camina, que aplaude, que canta, que ríe, que grita, que se sabe resucitado, como cada 14 de abril, desde aquel abril…

Guardián de la Memoria

La Maga en el 23... viernes 15 de marzo

Parroquia 23 de Enero...

Palabras para Chávez... Parroquia 23 de Enero

Altares para Chávez...

Flores para Chávez...

¿Quién detendrá este vuelo, quién apagará este empecinado amanecer?

Mirando pasar a Chávez... 

En la Piedrita están claros...

Guerrilla Comunicacional activa...

Caballería de acero puño en alto... 

Bolívar-Niño

"Honor y Gloria a la valentía..."

Acceso al Cuartel de la Montaña, viernes 15 de marzo

Contra todo dolor el abrazo compañero... viernes 15 de marzo

"En el borde del camino hay una silla..."
Un anciano se levantó para acompañar a Chávez
Parroquia 23 de Enero

Niños del 23...

¿Así, o más claro?, Parroquia 23 de enero

Él también, él lo sabe...

Chávez-Niña

La brisa vino a mantener al vuelo las banderas... Fuerte Tiuna, 7 de marzo

¿Qué podría hacer la muerte con tanta vida?/ Fuerte Tiuna, 7 de marzo

Manita estudiante de la ELAM

Futuros médicos de la ELAM

Del dolor a la sonrisa y una bonita bandera...

Y yo también...

Chávez-Niño

Zamora llora

Pregonar conciencia

Paso por El Rincón del Taxista, 23 de Enero

martes, 11 de diciembre de 2012

Aquí pensando vainas...


Unidad o Nada
(Y un poquito de respeto, por favor)

Dormir el sábado fue lo más difícil. La conmoción, las preguntas, la incertidumbre, las emociones, la preocupación… todo junto se removía y tomaba por asalto el pensamiento a ratos, tratando de hallar salidas que sólo encontrarían curso con la luz del día en la acción. Por eso amanecer el domingo fue lo más fácil (a pesar del poco y mal dormir). Así, tomar camino a los espacios de combate (la Plaza Bolívar esta vez) con una de las armas a punto (opté por la cámara fotográfica en este caso) y disponerse a la pelea por la defensa, el respeto, el agradecimiento y el amor por lo hasta ahora conseguido (que no es poca cosa, aún cuando falte mucho) fue una secuencia de hechos que hizo fluir el día y convirtió el miedo del impacto inicial en verdadera fuente de energía.

En política se puede ser cualquier cosa (hasta miserable, si quieren). Pero lo que no se puede es ser ingenuo, necio y mucho menos ciego. Empezaré por la ceguera: Creer que las expresiones de solidaridad, amor, preocupación y respeto por el presidente Chávez son falsas, paniaguadas, o por miedo a perder la limosna, el trabajo o el cambur, es un acto de ceguera (uno más) absurdo que termina irrespetando (otra vez) el sentimiento, la voluntad y la inteligencia de millones de personas que hoy se sienten más chavistas que nunca. Y eso les deja a los ciegos e incapaces de entender una sola salida política: el fascismo; la absoluta negación de ese enorme país que ama, lucha y se restea con su líder, con la consecuente “solución de exterminio” si algún día se vieran en el trance de tener que gobernar con ellos.

La necedad está en el insulto, en la necrofilia, en el irrespeto por el pesar ajeno; pero sobre todo en la pretensión de hacer política cabalgando sobre estas miserias. El debate en la Asamblea Nacional y algunos medios de comunicación privados dejaron penosos retratos de esta feria de necedades. Eso casi ni es noticia. Lo que si me resulta preocupante es la necedad de otros factores que hasta ahora, pese a las diferencias puntuales (válidas en todo caso) se habían mantenido firmes en torno al proceso revolucionario y al liderazgo del presidente Chávez. Esta es la otra necedad. La de quien no considera las circunstancias y sigue en sus trece. Insiste en su opción alegando principios, sacrificando todo lo demás (incluso otros principios). Entiéndase “lo demás” como el conjunto de condiciones objetivas que dieron viabilidad al hecho de ser siquiera una opción.

Para las fuerzas bolivarianas alineadas con el liderazgo del presidente Chávez, el llamado a la unidad del Comandante del sábado es necesidad imperante convertida en línea de acción principal. Para las fuerzas alternativas o emergentes dentro del Gran Polo Patriótico es además, la oportunidad histórica de seguir en la lucha al lado de las grandes mayorías del país en la construcción del socialismo. Lo otro es regresar al ostracismo político y al divisionismo que condenó a las luchas de izquierda a la postergación permanente de sus objetivos durante décadas.

Todos lo actores políticos que hacen vida en las filas de la revolución le deben su crecimiento (y hasta el consecuente saldo electoral) a Chávez. Eso es incuestionable. Sino pregunten a las organizaciones y líderes que brincaron la talanquera. Hoy Chávez, en un trance difícil, les hace un llamado. Duele ver que algunos ni siquiera han tenido el coraje de hacer un pronunciamiento público para darle una respuesta, mientras sus seguidores se desgastan insultando y malponiendo en su nombre.

La unidad no es un juego, ni una estrategia política. En las actuales circunstancias es una cuestión de vida o muerte. Lo que nos pone como protagonistas de nuestro destino como país, ante una lucha similar a la que libra nuestro líder por su vida. ¿Seremos parte del problema o de la solución?

La ingenuidad es pensar que después de Chávez, todo se resumirá en si gana o pierde Maduro. Si tras todas las elecciones, superación del golpe de Estado, sabotaje y traiciones, con toda la fortaleza, la popularidad y el amor que le manifiesta la gran mayoría del país, las fuerzas más oscuras de dentro y fuera de Venezuela siguen intentando salir de Chávez como sea, imagínense como será con alguien distinto al Comandante. Entonces, ¿porque no nos gusta el candidato de Chávez (a la presidencia o a la gobernación), le entregaremos a la canalla la revolución en bandeja de plata? ¿Cómo es más fácil construir ese otro mundo posible, con el chavismo o sin él? ¿Es que en aquella consigna de “unidad en la diversidad” tiene más peso “mi” diversidad que “nuestra” unidad? Finalmente, no es lo mismo el escenario de una gobernación opositora con Chávez gobernando que sin él. Negarse eso también es terriblemente ingenuo.

Mi prioridad es defender el proceso en el que hasta ahora se ha reconstruido y ha renacido mi país. No defiendo a personas, no tengo fidelidades automáticas con nadie. Pero a la revolución la defiendo y la defenderé con todo lo que tengo. Y eso, así lo entiendo hoy, pasa por defender a los candidatos de Chávez: Nicolás Maduro a la presidencia, si hiciera falta (ojalá que no) y Francisco Rangel Gómez a la gobernación del estado Bolívar, el próximo domingo 16 de diciembre.

A quienes por eso ya han empezado a llamarme bozaleao, vendido y hasta fascista, saludos. Piensen en que diferencia hay entre esa conducta y la de quienes nos llamaban focas, tarifados o chaburros cuando la campaña presidencial. Lo que expuse arriba son mis argumentos, no mi opinión personal sobre ninguno en particular. Así que bienvenido el debate; pero los insultos están demás.

martes, 21 de agosto de 2012

Aquí pensando vainas...


Y vino Chávez (I)
(O un hombre, un pueblo y todo lo demás)

Después de mucho tiempo, finalmente, Chávez vino a Guayana. Lo que era una oportunidad para el rencuentro de las fuerzas políticas nucleadas en torno a su liderazgo, se convirtió, nuevamente, en el caos del cardumen de pirañas, cada cual buscando con desespero su mordida por encima de las demás.

Vale la pena destacar el esfuerzo honesto de personas, movimientos e instituciones por hacer de la concentración del sábado, 18 de agosto, una verdadera fiesta popular. Sin detenerse  en protagonismos, en “cuánto hay pa’ eso” o en cuotas de poder, sencillamente, convocaron, agitaron y movilizaron para celebrar el reencuentro con el único liderazgo indiscutible que (para bien o para mal) tiene la revolución bolivariana. Tuve la oportunidad de asistir a reuniones previas de frentes y movimientos sociales, jornadas de elaboración de pancartas, estampados de banderas, ensayos de músicos, preparativos de cobertura de la televisión comunitaria y en todas se respiraba un aire festivo, se sentía la euforia de quienes se preparaban para recibir a un pariente cercano y querido después de una larga ausencia.

La concentración fue toda alegría. Los rostros, las sonrisas, las expresiones de amor en los carteles, la telúrica fuerza con la que cantaban, reían y gritaban quienes esperaron (bajo un verdadero palo de agua) para ver a su líder, me dejaron en claro que el fervor chavista y la conexión del presidente con la gran mayoría del pueblo guayanés goza de muy buena salud, a pesar del tiempo, del sectarismo y de los desencuentros tan cacareados por los medios. De modo que, en resumen, fue un éxito la visita de Chávez al estado Bolívar.

Pero volvamos al principio. Decía que la oportunidad era de oro para restablecer relaciones; pero ni la maquinaria psuvista-oficialista permitió siquiera la posibilidad, ni las fuerzas aliadas del Gran Polo Patriótico mostraron voluntad para reencontrarse.

Guayana tiene algunas particularidades que hacen difícil el diálogo necesario para impulsar cambios realmente significativos en la vida política de la ciudad y el estado. Tenemos un sector obrero importante, pero sin ninguna conciencia de clase y mucho menos identificación con los fundamentos de la clase obrera revolucionaria. Las alienantes condiciones de la venta de su fuerza de trabajo (sea al Estado o a una contratista) los tienen sin cuidado, lo que quiere (y por lo que pelea su organización sindical) es más dinero, beneficios y prestaciones por esa venta, por encima de cualquier proyecto de país, de las condiciones de vida en la ciudad y de las propias condiciones de las empresas en las que trabajan. Luego tenemos grupos y organizaciones políticas de resistencia y lucha social de larga data y profundo arraigo en la ciudad. Algunas vienen de finales de los 60 y principios de los 70; se trata de pequeños grupos cocidos a fuego lento en la resistencia permanente, basados en la sólida organización interna y con poca o ninguna experiencia en las relaciones con el poder; estos grupos tienen un trabajo incuestionable, pero ni crecen, ni aumentan su saldo político, por su carácter cerrado y su negativa  perder el control sobre los espacios en los que actúan (muy limitados, por cierto). También está la burocracia técnico-profesional que sirvió de referente social a la “Guayana de la planificación y progreso” del proyecto positivista; ésta es la que ofrece la resistencia más frontal a todo lo que huela a chavismo, en muchos casos, sin abandonar sus cargos, en algunos, incluso, saboteando o pervirtiendo cualquier intento de línea de gobierno, de vez en cuando, embutidos en franelas rojas y gorritas con la silueta del Che Guevara. Los más frontales, gritando su antichavismo a los cuatro vientos, porque su cargo en la empresa es un derecho adquirido, según ellos, que no piensan declinar ante este “régimen opresor y excluyente”, no es joda, así dicen.

A éste cuadro político-social, se le suma una maquinaria política gubernamental impuesta (y hasta ahora soportada) por las circunstancias (elección tras elección, Chávez convoca y la respuesta es incuestionable). Esta maquinaria, consolidada en instituciones del poder constituido, no tiende puentes con las expresiones de la organización popular que difieran de su línea de acción. El otro problema es que no se trata de una sola maquinaria. Hay tendencias dentro de la máquina psuvista que se encuentran en franca confrontación (el botín son las postulaciones a cargos de elección popular). Gracias al enfrentamiento de los peces grandes, algunos chicos han conseguido mantenerse con vida; otros, que han pretendido meterse, han salido poco menos que en el hueso, y la mayoría se mantiene ajena a esta lucha de intereses que ha llegado a niveles de tensión realmente fuertes y que, de momento, se mantiene con silenciador debido a la unidad a la que convoca la campaña presidencial.

Como ven en este cuadro es difícil hablar de revolución, establecer líneas francas y únicas de trabajo, convocar a la unidad verdadera. Si en Venezuela la mayor amenaza interna para la Revolución Bolivariana son los mezquinos intereses de muchos de sus protagonistas, en Guayana esa amenaza es tan grande que ya parece una costura abierta. En mi recorrido con la caravana presidencial vi a un pueblo bajo la lluvia desbordado de amor por su líder, ese que los convocó a hacer y rehacer la historia; vi gente con una enorme conciencia de vivir un presente muy distinto al que el poder había escrito para ellos, vi niños gritar consignas, ancianas lanzar bendiciones, mujeres gritar te amo con una fuerza honda que venía de muy adentro, hombres con el puño en alto a disposición del único hombre por el que darían la vida de ser necesario.

Pero también vi a una pareja de connotados periodistas escuálidos-recalcitrantes,  ahora directivos de un diario asociado a parte de la maquinaria psuvista, haciendo la corte en el punto de inicio de la caravana; él sin poder ocultar su cara de asco; ella, sin ocultar su desvergüenza, fue la primera en besar a Chávez cuando éste subió al camión. Vi, además el trato especial que se le dio a este medio sin ningún mérito periodístico (es de regular a malo, muy malo) por parte del equipo de prensa presidencial, quienes, claro está, no tienen porque tener información al respecto, y sólo cumplían con directrices señaladas por los jefes. Vi (de nuevo) como el gremialismo devora toda posibilidad de una comunicación social revolucionaria, al periodismo no lo mata sólo la división social del trabajo, lo tiene postrado el colonialismo mental y la servidumbre feudal en las relaciones producción de esa mercancía que debería entender como un bien común: la información; honrosas excepciones también ví, y debo decir que fue un placer conocerlas.

Vi, con tristeza y casi con asco, a figuras públicas de la ciudad cayéndose a trompadas con el cordón de seguridad para subirse a la tarima sin estar invitados; vi mi teléfono lleno de mensajes para que le llevara quejas al presidente, como si un acceso de presa fuera un acceso a Chávez; vi el desespero de quienes han sido (porque lo han permitido) desarticulados por la maquinaria política; vi el hambre de protagonismo y poder; vi las camisas más rojas cubriendo a los pechos más escuálidos (y a ellos nadie los mandó, pagó o amenazó, no se equivoquen, es jalabolismo puro y simple), vi  el festival de tetas operadas y labios inflados matándose por una aparición en cámara, por una fotico que dejara constancia de su “apoyo al comandante”. 

La decadencia y el alba todavía conviven en el cuerpo social de nuestra revolución. Pretendiendo hacerla por las buenas, no puede ser de otra manera. Un gran amigo me explicó, hace algún tiempo, que rara vez los conceptos de Pueblo y Nación eran coincidentes, y casi siempre antagónicos. Me dijo, también, que éste era uno de esos momentos históricos y que Venezuela no los vivía desde la guerra de independencia, a partir de 1814. No es “a pesar” de la fauna política y los oscuros intereses que se mueven en torno al Gobierno por lo que voy a votar por la continuidad del proceso revolucionario    , es “con todo y ellos”, porque ellos son parte de la dialéctica en la que se reconstruye este país, devorándose a sí mismo para erguirse sobre su propia historia. Cuáles de las fuerzas que atraviesan a Venezuela en este momento terminarán por imponerse, no lo sé. Pero después de todo lo que vi ese día de la llegada del presidente a Guayana, no tengo dudas: con Chávez me la juego.

















jueves, 19 de julio de 2012

De la cripta...


Hablemos con propiedad de la propiedad (Parte I)
Un infierno llamado Banco de Venezuela



“Abandonad toda esperanza.
¡Oh, vosotros los que entráis aquí!...”
Dante Alighieri


¿En qué idioma gestión pública es sinónimo de ineficiencia? ¿Cuál es el código oculto por el cual propiedad estatal significa “sin dueño” o - peor aún - “de nadie”? ¿En cuál manual de procedimiento (o de “buenas costumbres”) la función pública requiere de altas dosis de indolencia?... No me salga nadie con lo del “país de los chaburros” o “esa vaina es culpechiabe” porque, como se verá más adelante, varios de los casos que incitan a las preguntas que acabo de hacer tienen por protagonistas a opositores a toda prueba. Algo que he podido comprobar en los últimos años – y corroborar en carne viva los últimos meses – es que el burocratismo no tiene color político. Lo que quiero, a partir del calvario que acabo de vivir, es pensar un poco en los problemas de fondo con los que se topa nuestra revolución al nacionalizar ciertas empresas. Empecemos por la historia…

Al parecer, mi primer error fue pretender abrir una cuenta en el Banco de Venezuela sin mayores problemas. La Fundación Infocentro, a la que me llamó una gran amiga para hacer equipo en el estado Bolívar, me solicitó que abriera una cuenta nómina en dicho banco, para lo cual me entregó, tras la firma de mi contrato, una carta dirigida a este banco recuperado para todos los venezolanos, según nos cuenta el presidente. Con ese documento, me explicaron las almas nobles de Infocentro, y el resto de los requisitos para abrir la cuenta (referencias personales, bancarias, copia de la cédula y un recibo de luz, teléfono o agua, esto último no es jodiendo) no tendría problemas para abrir la cuenta.

El calvario empezó la primera semana de mayo. Los primeros intentos fueron frustrados por razones realmente increíbles, si se da por cierto que estamos hablando del primer y más grande banco del país: NO HABÍA IMPRESORA. Sí, así mismo; en la oficina principal del Banco de Venezuela de Puerto Ordaz, no había impresora y “por lo tanto no estamos abriendo cuentas”. Después de reírme a gusto me dirigí a la oficina del CC Babilonia, por recomendación de la señorita que me atendió en la principal. Y adivinen… TAMPOCO HABÍA IMPRESORA. Lógicamente, lo que antes me dio risa, empieza a producirme suspicacia. Tú sabes, por esa paranoia ante el saboteo y los “matavotos” (en palabras de Luis Britto) que dice la gente pensante, opositora y de bien, que padecemos los chabestias de este país. Entonces decidí preguntar a la GERENTE de la oficina de Babilonia: “O.K, si no hay impresora, ¿qué estás haciendo tú para que sí haya?”. Su respuesta fue tan precisa como lapidaria: “Eso no me corresponde a mí, Señor”. La siguiente pregunta se caía por su peso: “entonces, ¿a quién le corresponde?”. Su respuesta, de antología: “Bueno, siga votando por Chávez”.

Las semanas siguientes los intentos fallidos se repartieron entre varias causas: “SÓLO ABRIMOS CUENTAS DE LUNES A MIÉRCOLES”, no es jodiendo. “YA LOS NÚMEROS PARA APERTURA DE CUENTA SE ENTREGARON, VÉNGASE MAÑANA, ANTES DE LAS SIETE SI ES POSIBLE”, repito, no es jodiendo. Y el mejor, cuando por fin me atendieron, recibieron mis papeles y todo parecía que iba  terminar: “SEÑOR, SU NOMBRE APARECE MALO EN EL SISTEMA”. ¿Cuál sistema? Pregunté, con un suspiro de agotamiento. “El sistema”, respondió el empleado con una seguridad que sólo dan los años de una burocracia bien asumida. Le mostré mis tarjetas de otros bancos, mi chequera y mis referencias bancarias en las que mi nombre aparece sin ningún error. Y me dijo que él no podía hacer nada. Fue la primera vez que los mandé a la mierda…

Había decidido renunciar a Infocentro, pero la paciencia y la voz de mi amiga-jefa me hicieron repensar la decisión: “No es posible que la burocracia nos derrote con una sola batalla… que esas son las cosas que tenemos que cambiar con nuestro empeño… que el trabajo que tenemos por delante es muy bonito y no podemos dejar de hacerlo (eso es verdad, gracias por la oportunidad), etc., etc., etc.…”

Así que seguí intentando, y entre las ocupaciones de mi trabajo (viajes, reuniones y talleres) se completó el mes de junio (dos meses exactos del primer intento) con otro par de intentos fallidos. Para estas alturas visitar una oficina del Banco de Venezuela, al menos una vez a la semana, se había convertido en parte de mi rutina laboral.

Pero el 6 de julio, un día después de celebrar los 201 años de la firma del acta que dice que nos liberamos de los españoles a quienes les compramos el banco hace poco, tuvo lugar la cumbre de todos mis padecimientos, emociones y confusiones en este infierno que superó con creces la morbosa imaginación de Dante. La chica que me atendió esta vez (toda una excepción de amabilidad y buen trato, hay que decirlo) me dijo casi sonreída: “señor, pero ya usted tiene una cuenta con nosotros”. “¿Qué? No es posible, yo no he abierto cuenta con ustedes”, respondí. “Sí, mire, está abierta en Caracas, el 4 de julio, hace dos días”. La chica me imprimió el papel, en el que aparecen una cuenta corriente y una tarjeta de débito asignadas a mi cédula y mi nombre, indicándome que debía preguntar a mis jefes por esa cuenta. Hechas las averiguaciones, resultó que no era una cuenta nómina, era una cuenta de Fideicomiso (QUE NO SABEMOS QUIÉN ABRIÓ, NI POR QUÉ, es en serio, no es joda, tengo un papel donde consta eso) y que, por lo tanto, tenía que abrir mi cuenta nómina en Guayana, como dios manda.

Lo que me lleva al día de ayer, 18 de julio, cuando con mi extraña historia de la cuenta que no me abrió nadie, me dirijo al puesto de la chica amable (después de una mañana de espera por mi turno) y le pido abrir mi cuenta normalmente. La chica, con cara sinceramente acontecida, me dijo: “Ay, señor, NO TENEMOS MATERIAL, ESTE LOTE DE CHEQUERAS VIENIERON MALAS Y ESTAMOS ESPERANDO QUE NOS LLEGUEN MÁS”. Al ver mi rostro, descompuesto seguramente, me dijo, quizás por mejorar mi expresión con alguna esperanza y no verme salir de su cubículo con esa cara, “pero pase mañana temprano, la valija llega hoy, yo le atiendo sin que haga la cola de nuevo”. Regresé al trabajo, con los sentimientos enredados entre la indignación y la esperanza. Y esta mañana cuando entré a la oficina del banco la funcionaria que administra la cola virtual (no es jodiendo, su trabajo es oprimir la pantalla por usted y entregarle el ticket) nos decía, con rostro de estatua egipcia, “Las aperturas están suspendidas hasta el próximo miércoles, por falta de material”, y cuándo pregunté por la chica amable, me dirigió una mirada que se balanceaba entre la indulgencia y el desprecio: “Ella no viene por el resto de la semana”.

Extrañamente, la primera sensación del momento, antes que se agolparan de nuevo la indignación, la vergüenza política (pues soy de quienes defienden las nacionalizaciones y la propiedad social de los medios de producción), la arrechera pura y simple de saber que ningún banco privado de este país deja una oficina más de 24 horas sin material para apertura, que en ningún banco privado, por grande y complejo que sea, a nadie le toma más de un día abrir una cuenta; en fin, antes de cualquier emoción negativa, sentí agradecimiento por la mentira piadosa de la chica amable, que con su gesto me procuró un almuerzo más o menos tranquilo ayer.

El Epílogo de esta historia no puede ser otro: RENUNCIO A MI INTENCIÓN DE ABRIR UNA CUENTA EN UN BANCO QUE TRATA TAN MAL A SU CLIENTELA y cuyo personal se caga en cada uno de los principios y las ideas por el cual fue nacionalizado. Debo añadir que en mis largas jornadas de espera por atención he visto como desprecian a quien va a cobrar su asignación por la misión, al viejito que va abrir la cuenta por Amor Mayor, a quien va a pedir su crédito para mi Casa Bien Equipada. Mientras se derriten en lisonjas y carantoñas con quien va a tramitar dólares para importar quién sabe qué mierda, o con quién le trae el regalito de Miami, por haberle tramitado los dólares para viajar. Nadie me lo ha contado, lo he visto, sentadito con mi ticket de cola virtual en la mano.

  
P.S.: Sí, renunciar a abrir una cuenta en el Banco de Venezuela, implica renunciar a seguir trabajando con Infocentro (tengo entendido). Es una lástima, pero está más allá de mi alcance. Quise poner lo mejor de mi talento y mi creatividad a su servicio, pero el burocratismo y la indolencia (después de tenerme seis (se lee 6) quincenas sin cobrar) acabaron con mi paciencia. Voy por un café y en una segunda entrega las reflexiones acerca de esta y otras experiencias con la propiedad.

miércoles, 6 de junio de 2012

Aquí pensando vainas...


Orgullo e Identidad


Soy de los que creen que esa versión contemporánea del “opio de los pueblos” llamado deporte profesional, sería culturalmente más significativo, más honesto y más divertido, si se le restara la danza de los millones que le sirve de fondo musical y marco televisivo. Pero tranquilos, no voy a llamar idiota a nadie, ni a putear a fanaticada alguna, ni a cagarme en el alma de ningún “pastelero”…

Todo lo contrario, les cuento que soy de los que se emocionan a más no poder con cada gol de la Vinotinto y si ciertos árbitros me conocieran y supieran lo que digo de sus madres y hermanas, mínimo me caerían a trompadas. Me gocé cada out del “no hit no run” del “Gocho”, con redoblado orgullo venezolano y magallanero. No me he perdido una carrera de Pastor está temporada (en vivo, incluidas las madrugadoras) y mi hijo de dos años grita “¡Vamos, Pastor!” cuando juega con sus carritos. Así que dejo claro que en casa somos harto consumidores del deporte de masas; por lo que estas líneas no tienen ánimo de reproche o masturbación intelectual.

Más bien quiero compartir algunas reflexiones con las que casi me he tropezado cuando empecé a hurgar en las emociones que sentí tras ese extraordinario fin de semana para el deporte venezolano; en el que nuestro mejor pitcher dejó clara su calidad, haciendo historia para su franquicia en las Grandes Ligas, nuestra selección de fútbol empató con solidez y prestancia como visitante en Uruguay y nuestra selección de voleibol de arena se clasificó para los Juegos Olímpicos.

Lo primero que me golpeó el pensamiento fue cuan parecidos y cuan diferentes son el Orgullo y la Identidad que se dan a partir de estos triunfos. El orgullo es la emoción pura, es circunstancial y tiene que ver con el momento. En ella se mezclan la alegría, la euforia, el amor patrio, la satisfacción y cada quien la experimenta de modo distinto y con diferente intensidad, pero tienen el mismo origen y el mismo fin: el o la atleta, en el momento del triunfo y todos sentimos que triunfamos un poco con él o ella, o que ese triunfo es también un poquito para nosotros.

Otra cosa es la Identidad, entendiéndola como ese proceso de identificación con el logro (el nohiter, el Gran Premio, la victoria, la medalla) y con el ganador o la ganadora. Es un proceso más prolongado, tiende a permanecer en el tiempo y responde a algo más que a las emociones. En ella tiene que ver lo que reconocemos (más o menos objetivamente) en común con nuestra gloria deportiva. Primero está la identidad nacional, “es venezolano como yo”, luego estarán las coincidencias de clase, la región natal, la disciplina deportiva, y la actitud con la cual se expresan sobre el país, su gente y su realidad, antes durante y pasado el tiempo después del éxito deportivo, cualquiera que éste sea. Este proceso de identificación, asimilación y casi apropiación del triunfo y del ídolo es lo que permite que, más allá de la emoción, el logro y su protagonista se incorporen a nuestra memoria colectiva y forme parte de lo que nos identifica como pueblo, “la Tierra de…”, “el pueblo de…”, un elemento más de “lo afirmativo venezolano”, en palabras de Augusto Mijares.

Quiero poner el foco un momento en el último aspecto que asocié a la Identidad: la actitud con la cual se expresan sobre el país, su gente y su realidad. Un gran atleta es el resultado, antes que nada, de su esfuerzo individual. Eso está claro. Así el no hit no run de Johan Santana habla, primeramente, de su calidad como lanzador, de su condición física debido a su preparación y su constancia. El triunfo de Pastor se debe, antes que nada, a su capacidad y talento como piloto. Luego están factores como la inversión, el acompañamiento, la colaboración del equipo, el grupo de trabajo, las políticas de Estado y gobierno con respecto a los atletas, que tendrán su peso específico en determinados logros y hazañas. Pero un ídolo, una gloria deportiva, no es sólo resultado de la aptitud y atributos individuales. Esa condición se alcanza sólo a través del amor del pueblo (la fanaticada de la ciudad, sus compatriotas o los vecinos del pueblo donde creció) para con él o ella. El ídolo se hace en el amor de la gente, y es a ese amor la que se debe y con el que se establece un inevitable compromiso (que cada atleta podrá asumir luego de la mejor o peor manera). Y es aquí donde cobra importancia la actitud del atleta hacia el país, su realidad y su gente, y más importante aún: antes, durante y después de la victoria.

Orgullo e Identidad, a partir de los éxitos deportivos de nuestros atletas a escala mundial no siempre fueron de la mano. A veces, a penas superaron el efímero momento de la victoria, la heroica recepción multitudinaria, la imposición del reconocimiento oficial. En cambio, hoy los logros, hazañas y triunfos deportivos parecen hablar realmente de lo que somos capaces; se acumulan junto a otros logros, en una cantidad y calidad que el país (al menos desde que tengo memoria) no pudo disfrutar antes. Y sin pasar a revisar cifras de inversión en las áreas de Deportes, Educaión y Cultura (no me corresponde a mí hacerlo), nadie puede negar que algo pasa hoy que no pasaba antes, que nos permite no salir de un momento de orgullo para entrar en otro. Desconocerlo o negarlo sería mezquino y (para algunos) políticamente estúpido.

¿Cuántos campeones mundiales de boxeo no terminaron rayando en la indigencia? ¿Cuántos luchadores, forjadores y artífices de la organización deportiva en disciplinas no profesionales murieron en el más ignominioso olvido? ¿Cuántas glorias de nuestro béisbol han terminado pidiendo la nacionalidad gringa por un asunto de impuestos? ¿Cuántas de esas glorias colabora realmente con la siembra de nuestro deporte acá? ¿Cuántas veces no hemos visto a ciertas “glorias” cagarse en nuestro (su) país, diciendo que “ninguno de ellos (nosotros) le pone un plato de comida a mis hijos sobre la mesa”? ¿Quién no sintió vergüenza o asco ante el otrora fanfarrón de Guillén haciendo y diciendo lo que fuera para que no le quitarán su empleo?”. ¿Ven, cómo orgullo e identidad, en el deporte, no siempre van de la mano?

Vivimos en un país polarizado, es verdad, y cada gloria o superestrella deportiva sabrá como cultiva o desecha el amor que el pueblo venezolano le tiene. Pero su compromiso HOY con el tremendo momento que vive el deporte venezolano lo habrá de juzgar la Historia, y no al calor de las emociones tras su triunfo, si no a la luz de los logros y laureles que habrán de seguir a los suyos.

jueves, 8 de septiembre de 2011

Aquí, pensando vainas...

Lo importante y lo urgente

Hay cosas de cosas y casos de casos. Si es verdad, por lo menos hasta ahora, que el tiempo tira en una sola dirección; no es menos cierto que la Historia no lo hace. La Historia es una red de hechos, motivos, grandes actos, pequeños gestos, momentos cruciales y cotidianidades mil veces repetidas que van labrando un cuento cuyo rumbo cambia, bien por golpes de timón, bien por los antojos del viento, bien por pura necesidad.

La segunda mitad del siglo XX venezolano, y lo que va del siglo XXI latinoamericano es un buen ejemplo de lo dicho arriba. Por eso la principal virtud del proceso bolivariano y socialista que vive el país (al menos así lo creo) es saberse en construcción, en invento permanente, en la disposición a errar, siempre que inventemos, que busquemos nuestro propio camino a la victoria. Victoria que es la realización de las aspiraciones populares de vida digna, de autorespeto y de construcción de ese otro mundo posible donde amar y soñar tengan mayor valor que el matar o morir.

Por eso, sin dudar de la calidad moral del comandante de la Revolución, Hugo Chávez, y en principio de la de nadie en su entorno inmediato, porque no tengo pruebas. Entiendo también que el comando de este proceso está en manos de seres humanos falibles, gente que puede cometer errores.

Pensar que las “presiones políticas”, el lobby o el chantaje son la única fuente de las equivocaciones en que pudieran incurrir nuestros líderes, es poco menos que inocencia o candidez, para darle un nombre que no hiera susceptibilidades. Las decisiones, en la mayoría de los casos, cotidianamente quiero decir, se toman en base a información. Y si la información que recibe el líder es errada, fuera de contexto o incompleta (intencionalmente o no), seguramente el o los líderes y liderezas de cualquier proceso tomarán decisiones con alta posibilidad de error. Sin chantajes, sin presiones, sólo con información defectuosa.

Por eso pedir que se investigue el caso de la Cámara Venezolana de Farmacias y su relación con la redacción de una ley de patentes “con lenguaje chavista” usando operadores conectados con el alto gobierno, así como la “apretada de correa” a Eduardo Samán y su propuesta de ley, no puede ser etiquetado inmediatamente como un reto o puesta en duda de la calidad moral de Chávez; eso en primer lugar. Luego, hacer absoluto silencio informativo en los medios del Estado (y hablo del Sistema Nacional de Medios Públicos, no de La Hojilla), ignorarlo olímpicamente en la Asamblea Nacional (si no es así tampoco lo informaron) y en el principal partido de la revolución, sí resulta un error grave, pues podría ser tomado como un insulto a la inteligencia de quienes solamente se están preguntando “¿Qué pasa aquí?”

Finalmente, que ese silencio mediático sea apenas trastocado durante unos desafortunados minutos en La Hojilla, por Mario Silva, diciendo más o menos, que no va invitar a Samán porque quienes lo están pidiendo son de derecha y que a Chávez no lo reta nadie es la guinda de una estrategia comunicacional, que una mente como la mía (supongo que demasiado limitada todavía) no entiende.

Con respecto a Eduardo Samán, sólo diré lo siguiente: fue uno de los ministros con mayor aceptación popular de los que ha pasado por el gabinete, tras su remoción se limitó a decir que Chávez tendría sus razones y que el las respetaba (a pesar de que evidentemente no las conocía); tras quedar fuera de las candidaturas a la Asamblea Nacional, pese a todo lo que sonó su nombre entre la base, se limitó a aceptarlo y (que yo sepa) no dijo ni pío, antes o después; y finalmente, ha ratificado su condición de “soldado de la revolución” defendiendo y apoyando al proceso y a camaradas en cargos de responsabilidad. Es todo lo que se de ese señor, sí es bueno o malo, si robó o no, si tiene mal carácter o es manso como un conejo, no lo se y no creo que sea lo importante en este momento.

Pero, y he aquí mi cuestionamiento: si el SNMP le dio la atención y el espacio que le dio a Didalco Bolívar (¡A Didalco Bolívar!), que saltó la talanquera en las primeras de cambio, que vino poco menos que reconociendo su condición de prófugo, pero que tenía algunos señalamientos y pruebas contra Ismael García. Si otros cables de wikileaks han suscitado tanta atención en VTV, RNV, ANTV TVES, agencias informativas del gobierno, etc., al punto que en algunos casos se abrieron debates y se ordenaron investigaciones en la Asamblea Nacional, ¿por qué al menos no se abre un espacio oficial para la investigación y el debate, de cara a los miles de chavistas que se están preguntando “qué pasó aquí"?, y se le permite al camarada Samán exponer sus impresiones y contrastarlas contra lo que la investigación arroje; que supongamos sea (elucubrando sobre el contenido del informe final): “que el cable de wikileaks fue producto de una filtración de información inducida desde la misma embajada norteamericana, como una operación de contrainteligencia…” (¡A vaina, todo es posible!). En resumidas cuentas tómense el tiempo de informar siempre, de abrir la discusión en los espacios disponibles y de decirle al pueblo, “investigamos y el resultado fue este”. Porque el hecho de que los señalamientos en el cable filtrado son gravísimos y hablan (de ser ciertos) de lo permeable que sigue siendo el proceso (eso lo ha reconocido hasta Chávez), es incuestionable.

Con respecto a La Hojilla, sólo diré que no creí, desde un principio, que ese fuera el espacio idóneo para presentar las pruebas de este caso; tampoco es que no se pudiera, pero lo cierto es que su conductor, Mario Silva, tenía, tiene y tendrá todo el derecho, en primer lugar de no invitarlo, y en segundo lugar de decir “no lo invito”. Pero ese derecho, repito: incuestionable, no implica el derecho de ofender y calificar de un plumazo a quienes (sin acceso a información oficial) reclaman indignados investigación y debate. Porque no importa cuantas veces diga que no y se desdiga, el camarada Silva insultó la inteligencia de muchos diciendo que la situación está planteada en términos de un reto a Chávez, de un chantaje a Chávez, pidiendo que saltaran la talanquera a los que no les guste, e incluso insinuándole a Samán que se lanzara a candidato presidencial de la oposición. Estas son horas de fortalecer el vínculo de los chavistas con su proceso revolucionario, debatiendo, inventando, aprendiendo; es decir con motivación y con argumentos. No son horas para ponerse a pontificar en TV acerca de quién es revolucionario y quién no lo es, quién es socialista y quién no; pues revolución, socialismo y bolivarianismo, están en plena construcción y son, en buena medida, tareas pendientes todavía. Todo lo demás es un día normal en tuiter, que como red social conquistada por el chavismo y territorio libre de cualquier cerco y control informativo y de opinión, da para eso y para más.

¿Que vuelva Samán al ministerio? No creo que deba, ¿Que vaya invitado a La Hojilla? Menos que menos. Eso no es lo que está en cuestionamiento aquí. ¿Que se investiguen los señalamientos del fulano cable al Departamento de Estado caiga quien caiga? Eso es lo importante. ¿Que se reduzcan los niveles de ansiedad, frustración e indignación de los chavistas que quieren saber qué pasa, con lo único que puede reducirlos: información, investigación y debate? Eso es lo urgente. Si pensar así me convierte en reaccionario, entonces me equivoqué con mi país.

PS: Destáquese el hecho de que en la última oración condicional, el equivocado soy yo, no el país. Cambio y fuera.