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martes, 29 de abril de 2014

De vez en cuando un poema...



¿Quién mató al Chino Valera Mora?

Se sabe ya que los años siempre han pasado en vano
y que el tiempo, en estado de coma, efectivamente paró
cuando dejó de llover en Macondo
Es bien sabido que los vapores del alcohol con besos
curan todo cuanto los versos agravan
Y no hay que ser chamán, mago o alquimista
para aprender a leer lo que está escrito
en el viento que sopla con libertad más allá de las puertas de toda oficina

Habrá quien culpe al reloj, a la misma bala con que amaneció ariscamente,
al miedo al sida y a todos los miedos con que nos alimentaron
día tras día, muerte tras muerte, teta tras teta,
frente al mismo televisor con sus eróticas canciones de cuna
Puede que ni siquiera haya un culpable
sino que el rostro de su asesino se multiplique en todos los espejos
frente los que se despereza la tropa que engorda la tripa
de este diabético sistema sin apellido y con nombre impropio

Puede que hayamos sido todos y ninguno
y puede que con él apuñalamos en el foro
sin piedad alguna a la poesía...
Pero a pesar de los pesares siempre cabrá la pregunta
cuya respuesta cambia con el sol de cada tarde sin ron o nicotina:
                       
            ¿Quién nos lo mató y nos lo mata?
                                   ¿Quién con tanta saña nos lo muere?

¿Los estertores de una posmodernidad ignorante
(hasta de su coma neonatal)
o la misma mengua que mata a las cervecerías de mantel plástico y rockola?
¿Los ángeles y los demonios, con su código subliterario y vende-libros incluído,
o los dioses que desertaron de la tasca que era su corazón insomne?
¿El Maseratti 3 Litros sobre el que escupió con saña sus versos
o el  mismo Ford de Tablita que mató a José Gregorio?
¿Las mujeres que recién han hecho el amor
y se niegan caminar, hablar o pensar
tan solo para negar su oficio
o el oficio viejo de joder a las putas por la puta envidia
de quien pasó por el aro del trabajo y su muy social división?
¿Benny Moré que ya no pasa por aquí metiéndole candela al rancho
o  un despecho con La Lupe?

Quizás todos o ninguno,
lo cierto es que desde que se fue
se le ven ojeras y una que otra arruga
al rostro de nuestra rebelde amante, la poesía.
Molino de cuatro aspas (Módulo del Abra Solar) de Alejandro Otero

1 comentario:

  1. Hermoso poema... hondo y lleno de las voces que repiten una y otra vez la poesía... Gracias!

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